La relación Colombia-Europa


Debemos mantener lazos sólidos con el continente de las coincidencias.

En la entrega anterior estudiamos el estado y el potencial de las relaciones de Colombia con el continente africano. En esta entrega analizaremos la importancia de la relación de Colombia con Europa.

Las narrativas fatalistas sobre el declive de los países occidentales se han vuelto cada día más comunes. Y el continente europeo suele verse en peor perspectiva que Norteamérica. Economía en declive, mercados laborales frágiles, debilidad y dependencia en seguridad, falta de unidad, ascenso de extremismos políticos serían sus males más comunes. El futuro de Colombia se encontraría más fácilmente en el Sur Global, y frente nuestros socios europeos tradicionales bastaría el desinterés y la indiferencia. Europa, en efecto, enfrenta grandes desafíos en la actual coyuntura, pero estas miradas de vaso medio vacío son incompletas, tanto para entender la importancia del continente europeo como entender el lugar en estos momentos insustituible que ocupa Europa para las relaciones exteriores de Colombia.

Enfoquémonos en tres frentes para darle relieve a Europa: el plano económico, el campo de la cooperación internacional y el ámbito de los valores políticos.

En primer lugar, echémosle un vistazo al plano económico. Europa sigue siendo hoy uno de los centros más importantes de la economía mundial. Según los datos más recientes del Fondo Monetario Internacional, el Producto Interno Bruno de la Unión Europea a valores corrientes en 2025 fue de más de 21 trillón de dólares, representando un 18% de la economía mundial, un punto por encima del de China. Si combinamos las economías de la Unión Europea, Reino Unido y los países de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, por sus siglas en inglés), que comparten el Mercado Común Europeo, el tamaño de mercado total de este bloque para 2025 es del 23% de la economía mundial, es decir, la segunda economía del mundo, bastante cerca de la de Estados Unidos, que representa un 26%. Asimismo, el continente europeo tomado en conjunto es el inversionista más importante del mundo en volúmenes de inversión en destinos internacionales, incluso por encima de Estados Unidos y de China.

Esta dimensión económica también tiene consecuencias estratégicas y militares y la narrativa de la debilidad europea es muy relativa. De acuerdo con el último informe del SIPRI de Estocolmo, el gasto militar combinado en 2025 de la Unión Europea, Reino Unido, Noruega y Ucrania representa el 23% del gasto militar mundial. Esto significa dos tercios del gasto militar de Estados Unidos, el doble del chino y más del triple del ruso, lo que le permite al continente un elemento disuasivo que a veces no se reconoce.

La red de tratados de libre comercio que Colombia ha venido construyendo desde 2008 con sus socios europeos es de suma importancia: los TLCs con la EFTA (2008), la Unión Europea (2012) y el Reino Unido (2019). En 2025 las exportaciones de Colombia a estos destinos representaron el 15% del total exportado, un valor que no es desdeñable y que puede seguir creciendo. Además, según la OCDE, la Unión Europea constituyó la principal fuente de Inversión Extranjera Directa en Colombia en las últimas dos décadas, representando el 27% del total y haciendo un importante aporte a la generación de empleo y al desarrollo del país. De la misma manera, es clave recordar el acceso sin visa que los colombianos tenemos en el Espacio Schengen desde 2015, que ha sido vital para promover relaciones comerciales y cooperación social, académica y tecnológica con el continente.

En segundo lugar, miremos el campo de la cooperación internacional. Tradicionalmente la Ayuda Oficial al Desarrollo del conjunto de los países europeos en todo el mundo ha sido más del triple de la ayuda de Estados Unidos. Y, ahora, con el reciente congelamiento de los fondos de USAID en este país y su caída generalizada de recursos desde 2024, puede decirse que Europa es el principal pilar que sostiene a la ayuda al desarrollo. Según la OCDE, en 2025 Alemania se convirtió por primera vez en la historia en el principal donante de Ayuda Oficial al Desarrollo por encima de los Estados Unidos. Asimismo, las instituciones comunitarias de la Unión Europea y el gobierno del Reino Unido se encuentran actualmente en tercer y cuarto lugar respectivamente en la lista de donantes. Por otro lado, las únicas economías avanzadas en el mundo que cumplen la meta propuesta por la ONU de destinar al menos el 0.7% de su Ingreso Nacional Bruto a ayuda al desarrollo son Noruega, Luxemburgo, Suecia y Dinamarca, todos europeos.

Este cuadro global tiene su correspondencia en el contexto colombiano. Según la Agencia Presidencial de Cooperación (APC), a pesar de la caída generalizada desde 2022 de la Ayuda Oficial al Desarrollo en el país, el continente europeo sigue siendo uno de los principales orígenes de esta asistencia junto con Estados Unidos. En 2024 Estados Unidos representó un 56% de la ayuda al desarrollo, mientras que Europa representó más del 37%, consolidándose como el segundo origen, liderado por Alemania, las instituciones comunitarias de la Unión Europea, Suecia y España. En 2025, en cambio, Estados Unidos representó un 21%, mientras que tan solo los primeros 6 donantes europeos representaron el 31%, 10 puntos más, liderados por las instituciones comunitarias, Reino Unido y Alemania. Por las condiciones económicas y sociales y el conflicto que nos acompaña desde hace décadas y que se ha recrudecido en el último periodo, esta recepción de recursos es vital para muchas regiones y sectores del país y por ende Europa está ganando no perdiendo importancia como socio estratégico.

Y en tercer lugar, reconozcamos las coincidencias que existen entre Colombia y el continente europeo en sus valores políticos y en sus aspiraciones a la defensa de los Derechos Humanos y a la consolidación de regímenes democráticos sólidos e inclusivos. Cuando hablamos de democracia y valores políticos, por supuesto, no nos estamos refiriendo únicamente a la realización de elecciones periódicas en las que participen todos los ciudadanos sino a todos las dimensiones institucionales y sociales que acompañan el funcionamiento adecuado de las democracias, incluyendo la separación de ramas del poder público, los contrapesos institucionales, la libertad de prensa, la libertad de expresión, una sociedad civil fuerte y el diálogo y el debate público robustos. Para decirlo con el intelectual alemán Jürgen Habermas recientemente fallecido la democracia no comienza en las urnas sino en la conversación, lo que pone a las relaciones interpersonales, a la capacidad de cuestionar, a la transparencia y a la rendición de cuentas en el centro.

Primero, destaquemos que en los últimos años los regímenes democráticos se encuentran en declive y perdiendo terreno en el mundo. Según el reporte de 2026 de Variedades de la Democracia (V-Dem), que elabora un consorcio universitario internacional, la democracia en el mundo en 2025 retrocedió a niveles de 1978. Hoy el mundo tiene más autocracias que democracias, 92 frente a 87. Según este reporte, hoy alrededor de 6 mil millones de personas viven bajo regímenes autocráticos, lo que representa el 74% de la población mundial. Hace 20 años la democracia estaba avanzando en el mundo, la libertad de expresión y la calidad de los procesos electorales mejoraban; hoy el panorama es el opuesto.

Y segundo, destaquemos que, a pesar de los desafíos y las imperfecciones, el continente europeo es el bastión más importante del mundo en cuanto a la fortaleza de sus instituciones democráticas se refiere. El Índice Global de Democracia de la revista londinense The Economist ha monitoreado la evolución de la democracia en el mundo por los últimos 20 años, clasificando a los países en regímenes autoritarios, regímenes híbridos, democracias defectuosas y democracias plenas. Colombia, por cierto, clasifica allí como una democracia defectuosa que en los últimos 6 años va en clara desmejora. Lo importante a resaltar aquí, no obstante, es que, de acuerdo con el reporte de 2026, de las 26 democracias plenas que existen en el mundo, 19 de ellas (el 73%) se encuentran en Europa, lideradas por los países escandinavos, Irlanda y Suiza. El respiro que dio la evolución de este índice global en el último año, con avance positivo por primera vez en una década, más los últimos resultados electorales en Hungría, son dos noticias alentadoras que mostrarían una pausa o tal vez punto de inflexión contra la tendencia de declive. En cualquier caso, lo que nos muestran los hechos es que es en Europa en donde encontramos el mayor compromiso regional por la democracia y por lo tanto un aliado de Colombia en su anhelo por el fortalecimiento de los valores políticos con los que nació como república. De igual manera, y muy ligado con esto, encontramos también en el continente europeo uno de los mayores compromisos por la defensa y fortalecimiento del sistema multilateral, otra convergencia más con los intereses del país.

La incomodidad postcolonial que existe entre algunos en la relación de Colombia con Europa difícilmente viene a lugar si se tienen en cuenta los actuales desafíos del contexto global y, sobre todo, los valores políticos que inspiran a la actual política exterior de los países de este continente. Asimismo, tampoco cabe la descalificación de Europa sin reconocerle sus dimensiones reales, sus avances en integración, sus nuevos consensos en materia de seguridad y su margen de maniobra en la próxima década. El continente europeo realiza una contribución importante en el sistema internacional y en nuestro país que hay que celebrar, cuidar y fortalecer, estrechando los lazos.

 

Luego de completar este recorrido por diferentes regiones y continentes, en la próxima entrega vamos a analizar la relación de Colombia con las organizaciones internacionales y el sistema multilateral.

(Imagen: Embajada de Colombia en Bruselas)

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