La relación Colombia-África


No le podemos dar la espalda al continente de las oportunidades.

En la entrega anterior de “La política exterior que necesita Colombia” vimos cómo China ha ganado y seguirá ganando protagonismo como socio estratégico de Colombia. En esta entrega daremos una mirada a otra geografía que debería volverse igualmente protagónica para el país: el continente africano.

 

África aparece como pequeño y marginal en el imaginario de muchos y la realidad no es así. En sus 30 millones de kilómetros cuadrados cabe el territorio de Estados Unidos tres veces. Sus más de 1.500 millones de habitantes superan la población de India, la de China y es más de 3 veces la de la Unión Europea. Aunque sus 55 países representan apenas entre un 3 y un 6% de la economía mundial, es en este continente donde se encuentran algunos de los mercados con crecimiento más acelerado del mundo.

Según el Fondo Monetario Internacional, de los 30 países con las mayores tasas de crecimiento económico del mundo en 2025, la mitad son africanos, superando con creces el crecimiento, por ejemplo, de China. Economías como las de Marruecos, Etiopía o Tanzania, para citar sólo algunos, han tenido mejor desempeño en la última década que Colombia. Los 3 grandes de África: Nigeria, Egipto y Sudáfrica, tienen dimensiones notables si se considera su población, el tamaño de sus mercados y su dinamismo económico. A los medios tradicionales no nos llegan las noticias del desarrollo humano de Botsuana, de la modernización de Kenia, del hub tecnológico de Ruanda o de los grandes puertos de Marruecos, pero estas son las realidades que están transformando al continente.

Más importante todavía es considerar las implicaciones de las actuales tendencias demográficas. Mientras que la tasa de fertilidad promedio del planeta es de 2.25 hijos por mujer, la del África Subsahariana es de 4,01 hijos, la más alta de todo el mundo. Según las proyecciones de la ONU, la población de esta región sólo se estabilizaría en el siglo XXII, mientras que en las demás regiones del planeta la población se estabiliza y retrocede durante el siglo actual. Con el crecimiento poblacional en declive en el resto del mundo, el continente africano se perfila como la reserva demográfica del planeta. Esto convierte a África en el continente más joven del mundo, con una población económicamente activa en auge y por ende una proyección de crecimiento robusto para las próximas décadas.

Así, África es un mercado con inmenso atractivo no sólo por sus recursos naturales, como suele pensarse, sino también como destino de inversión en todos los sectores, por la creciente capacidad de compra de sus consumidores y como referente de innovación y de sostenibilidad. Y si bien la Zona de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA, por sus siglas en inglés) se encuentra apenas en sus fases iniciales de implementación, sus labores actuales en la constitución de un mercado común africano están bien encaminadas y constituyen una promesa para la prosperidad del continente en el mediano y largo plazo.

Por todo esto África no es ajena a la inversión extranjera y a los intereses comerciales externos. Empresas europeas y estadounidenses acumulan años de presencia en el mercado africano y China está participando de forma cada vez más asertiva en el continente, ayudando, de paso, con su inversión, a construir infraestructura clave para su competitividad. Y mientras que otros ya están, a Colombia todavía le falta mucho para conectarse con este continente.

En comercio, el balance es agridulce. Colombia duplicó en los últimos 10 años sus exportaciones a África, llegando a USD 404 millones en 2025, pero estas apenas representan el 0.8% del total de las exportaciones nacionales. Allí hay una oportunidad desaprovechada. Y el progreso no siempre ha sido lineal. Pasamos de exportarle a Marruecos USD 3 millones en 2015 a USD 132 millones en 2025, convirtiéndose en nuestro primer destino del continente, pero nuestras exportaciones a Nigeria y Sudáfrica han caído, así como a muchos otros destinos, como Ruanda, Gambia, Angola o Tanzania.

Algo parecido pasa con nuestra presencia diplomática. Nuestra representación diplomática en el continente suele ser altamente sensible a políticas de austeridad con las que se cierran misiones que son clave para entender y aprovechar mejor esta región. Es común que los gobiernos hayan sido indiferentes a las nuevas realidades y al enorme potencial. Por suerte Colombia cuenta tradicionalmente con embajadas en Rabat, en Argel y en El Cairo en el norte de África y en Pretoria, Nairobi y Acra en África Subsahariana, y es de celebrar el interés del actual gobierno por abrir embajadas en Dakar y en Adís Abeba. Sin embargo, es difícil de explicar por qué Colombia todavía no tiene representación directa en Nigeria o por qué no estamos aprovechando la inteligibilidad entre el español y el portugués para estrechar lazos diplomáticos y comerciales con países grandes de lengua portuguesa como Angola y Mozambique. En contraste, la presencia diplomática directa de Brasil en el continente llega a 33 países, en muchos casos atendida no a nivel de embajador sino de encargados de negocios, lo cual abarata los costos.

Ha sido un acierto del último gobierno su énfasis en África, liderado desde la Vicepresidencia de la República por Francia Márquez, quien por su origen afrodescendiente ha conseguido una recepción especial en el continente. La Estrategia África 2022-2026 fue bien intencionada, la apertura de la embajada en Etiopía ―sede principal de la Unión Africana― es positiva, las visitas de alto nivel han sido necesarias, así como el inicio del diálogo intrarregional con el Foro CELAC-África 2026, liderado por Colombia.

¿Qué sigue? Ante todo, el interés por África debe mantenerse y profundizarse en los próximos gobiernos. Los esfuerzos deben acentuarse con un mayor protagonismo desde la Presidencia, desde Cancillería, desde el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, desde la Agencia Presidencial de Cooperación y desde ProColombia, con personal profesional que lidere la tarea tanto en las embajadas como desde el país. El gobierno debe seguir impulsando el interés por África entre el sector empresarial y la sociedad civil. Y se debería trabajar en al menos tres frentes.

El primero es el fortalecimiento de los lazos humanos y las raíces comunes. Colombia es el tercer país del mundo después de Brasil y Estados Unidos en tamaño de la diáspora afrodescendiente y el fortalecimiento de ese contacto con África debe entenderse como una deuda histórica. Asimismo, la migración de origen árabe en Colombia es muy importante y allí hay una oportunidad permanente de conexión con el África Magrebí.

El segundo frente es el de la cooperación Sur-Sur, sin viejos estigmas. Los países africanos son países emergentes como Colombia, muchas veces con realidades semejantes y con desafíos semejantes. Son muchas las posibilidades de colaboración en beneficio mutuo que se sirvan de la innovación y de la creatividad de ambas partes. Piénsese en frentes como temas agrarios, ideación de proyectos de infraestructura, conflicto interno, fragilidad institucional. Ya existen casos positivos de cooperación y tendremos muchos beneficios de que esta se multiplique.

Y el tercer y último frente, no menos importante, es el plano comercial y económico. La Estrategia África 2022-2026 se propuso incrementar las empresas exportando hacia África, incrementar las empresas instaladas en el continente y el comercio intrarregional de estas. Estas metas requieren de inteligencia de mercados, de acompañamiento empresarial, de diálogo diplomático para favorecer los intereses del país y de seguimiento permanente. El potencial de beneficios es enorme y hay que seguir haciendo la tarea de manera sistemática.

 

Habiendo visitado ya estas geografías menos tradicionales, en la próxima entrega nos vamos a detener en las relaciones de Colombia más tradicionales de todas: las que tenemos con el continente europeo.

(Imagen: Embajada de Colombia en Adís Abeba)

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