La relación Colombia-China
La rivalidad entre las potencias no implica que se acaba el margen para el país.
En la entrega
anterior le dimos una mirada a las relaciones de Colombia con América
Latina y el Caribe y resaltamos las claves para que se profundicen los procesos
de integración regional. En esta entrega analizaremos las posibilidades de la
relación bilateral de Colombia con China.
No cabe duda de que el ascenso de China como potencia
económica, tecnológica y militar de primer orden ha sido el desarrollo
geopolítico más importante en el mundo en los últimos 30 años. El salto que ha
dado este país a partir de las reformas pro mercado que emprende Deng Xiaoping
desde 1978 ha sido descomunal, convirtiendo a China en el caso más exitoso de
modernización económica de la historia moderna, logrando por años la hazaña de sacar
de la pobreza hasta a un millón de personas al mes.
Para el 78 China representaba apenas alrededor del 2% de la
economía mundial. Hoy representa alrededor del 20%, un quinto de toda
generación de riqueza del mundo. China se ha vuelto líder en importantes
sectores industriales y tecnológicos como baterías, paneles solares, automóviles
eléctricos, embarcaciones, inteligencia artificial, robótica, tecnología
militar, entre otros, volviéndose, de paso, en uno de los principales actores
en la carrera espacial. Este ascenso ha hecho que cuando China no es el primer
socio comercial de algún país, entonces es el segundo, para literalmente casi
todos los países del mundo. Paralelamente, China, se ha convertido en una de
las mayores fuentes de inversión extranjera directa en el mundo. La iniciativa
de la Franja y la Ruta ―también conocida como la Nueva Ruta de la
Seda―
generó en 2025 inversiones de más de USD 200 mil millones, rompiendo récord
desde que inició en 2013. Naturalmente, todos estos factores han aumentado la
influencia política de China en el mundo, y de manera especial en el Sur
Global.
Este ascenso chino también es visible en América Latina. Hoy
casi toda la región ha abandonado el reconocimiento formal a Taiwán, requisito
para entablar cooperación formal con China. Hoy para Panamá y para todos los
países del Cono Sur, incluyendo a Brasil, Bolivia y Perú, China es su principal
socio comercial. Hoy más del 30% de las exportaciones de Brasil se dirigen a
China, principalmente soya, minería, petróleo y carne. Hoy ya son 5 los países
de la región con TLCs con China: Chile, Perú, Costa Rica, Ecuador y Nicaragua. Venezuela
le debe más de USD 60 mil millones a la banca estatal china. O el megapuerto de
Chancay en Perú, destinado a ser uno de los más grandes y modernos de la
región, pudo llevarse a cabo gracias a la inversión china.
Colombia no es ajena a esta tendencia. China es el principal
origen de las importaciones colombianas y el segundo destino de nuestras
exportaciones. La inversión china es visible en carreteras en Urabá y en el dragado
para el puerto de Barranquilla, en minería, en el tren de cercanías de Cundinamarca
y hasta en el Metro de Bogotá. No es un secreto que Colombia tiene mayores
afinidades en sus valores políticos con otros socios tradicionales como los
países de Europa y del continente americano, pero China y Colombia tienen
muchos puntos de identificación, entre los que cabe destacar el pasado colonial
europeo, los desafíos propios de los países emergentes y el objetivo del
fortalecimiento de un sistema multilateral fuerte basado en reglas. Allí hay
una base sólida para la cooperación bilateral, dentro del marco del respeto por
la soberanía de cada país.
¿Beneficia a Colombia estrechar lazos con China? La
respuesta es por supuesto que sí. El mercado chino y la inversión china deben
entenderse como dos ingredientes cada vez más importantes para el crecimiento y
el desarrollo de Colombia. Nuestro potencial exportador hacia China está todavía
desaprovechado y la inversión china en proyectos de infraestructura podría volverse
todavía más protagónica para que saquemos adelante las inversiones de largo
plazo que nos permitan dar un salto en competitividad. Asimismo, hay que
aprovechar las convergencias de posiciones en la agenda multilateral para
trabajar de la mano. Además, los logros del desarrollo chino pueden seguir inspirándonos.
Colombia tiene mucho que aprender del modelo chino en cuanto a estabilidad
política, estabilidad para la inversión extranjera, vocación de apertura
comercial, apuesta por proyectos de infraestructura de largo plazo y
cooperación público-privada para impulsar sectores económicos estratégicos.
Sin embargo, es fundamental que al profundizar las
relaciones con China tengamos en cuenta dos claridades. La primera es que por
acercarnos a China no necesitamos exponer nuestra relación bilateral con
Estados Unidos, que es, con distancia, la más importante. En medio de la
creciente rivalidad geoestratégica entre las dos potencias, Colombia debe cultivar
ambas relaciones manteniendo el equilibrio. Y, si bien, esto no es siempre
fácil, podemos usar como guía los ejemplos de cómo otros aliados importantes de
Estados Unidos están manejando asertivamente la relación bilateral con China
sin afectar su relación principal. En la región podemos encontrar casos
interesantes en Costa Rica, Chile, Argentina, entre otros, y fuera de la región
hay otras referencias como Singapur, Nueva Zelanda, Alemania o Suiza. En
cualquier caso, para Colombia la cooperación en proyectos concretos y de alto
impacto para el país es más importante que la figuración de su nombre en
iniciativas con carga política, como la Franja y la Ruta o los BRICS.
La segunda claridad es que el país no gana mucho si al
acercarse a China lo único que hace es cambiar una dependencia por otra. Crecer
hacia China tiene sentido, pero como parte de una estrategia de diversificación
que debe involucrar también otras geografías, no como un reemplazo de una
relación principal por otra. Colombia debe admitir cooperación con selectividad,
para mantener grados de autonomía sobre temas estratégicos como su deuda
extranjera, su infraestructura portuaria y aeroportuaria o su suministro eléctrico.
Debemos evitar ejemplos como el de Venezuela y su excesiva dependencia de la
inversión y del endeudamiento chino en la era Chávez-Maduro, o el de Perú,
donde el suministro eléctrico de su capital, Lima, depende exclusivamente de
empresas chinas, lo que crea niveles muy altos de vulnerabilidad. El anhelo de
inversión china hace sentido, pero con apertura hacia otros orígenes de
inversión que aporten diversificación y con esquemas regulatorios sólidos que aseguren
autonomía estratégica y continuidad operativa.
La receta: ambición por mayor cooperación y aprovechamiento
de oportunidades comerciales y de inversión que sean de beneficio mutuo. Esto
es clave, y no debe caber la menor duda de esa necesidad. Pero con equilibrio, sin
crear dependencias nuevas, sin afectar relaciones tradicionales y con la mirada
puesta en la diversificación.
Y ya que de diversificación estamos hablando, en la próxima
entrega vamos a explorar las oportunidades para Colombia en la profundización
de sus relaciones con el continente africano.
(Imagen: Embajada de Colombia en Beijing)
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